
“La líder del negocio era mi abuela; mi abuelo no era muy comerciante que digamos…”, revela con toda la candidez Ernie Yannick Torres Monge, “Canito”, sobre los inicios de la Ferretería Villa Prades. La historia es que en 1956 sus abuelos, Francisca “Paquita” Hernández y Ernesto Torres Cardona, compraron el terreno en donde hoy aún ubica la ferretería. La construyeron con ayuda económica de la Small Business Administration y los primeros 10 o 15 años, vivieron en la parte posterior del local.
EN CIFRAS:
- 70 años de operación
- 8 mil pies cuadrados de tienda
- 2,500 pies cuadrados de yard
- 7 departamentos
El negocio familiar que comenzó hace 70 años en Villa Prades, y que vendía en el mismo local ropa de mujer y efectos de ferretería, hoy es un espacio esencial donde se siente lo que pasa en el vecindario riopedrense.
Historia y evolución

Ernie ‘El Cano’ Torres, ha mantenido en la ferretería elementos que recuerdan su historia.
“Poco a poco el negocio fue creciendo, luego desapareció la sección de ropa de mujer y se enfocaron en la ferretería. Después compraron una casita aquí en Villa Prades y el local completo pasó a ser la ferretería”, dice sobre las anécdotas que le ha contado su papá, Ernesto Torres Hernández, y quien lideró el negocio por 27 años.
A través del tiempo, la familia de ferreteros rentó espacios contiguos de la estructura a otros emprendedores. Por varios años, por ejemplo, tuvieron de “vecino” a un colmadito. Cuando ese negocio cerró, don Ernesto aprovechó y amplió nuevamente la ferretería.
Esa historia de expansiones se puede palpar en la ferretería hoy, como el nombre de un colegio, que se hace notar en el espacio de los agregados.
Más que una ferretería
Como pasa en cada barrio, siempre existe ese negocio que es el corazón de la comunidad. Y para Ernie, su ferretería tiene ese sitial.
“Imagínate, llevamos más de 70 años, así que ya somos el centro de la comunidad. Mucha gente que vio el desarrollo de la ferretería en los años ’50 ya tiene a sus hijos y nietos; y todos siguen visitándonos. Me dicen: ‘mi papá venía aquí y a mí no se me olvida. Me da nostalgia, porque mi papá me enviaba con una notita y tu abuela me atendía'”, relata con visible orgullo.

“El Cano” frente y tras el mostrador
Los clientes siempre procuran por “El Cano”, y eso quedó más que claro durante la entrevista, que tuvo que pausar para que pudiera atender a algún cliente o darle una mano a su equipo de trabajo. Ya a sus 12 o 13 años atendía público, “montaba” bolsitas de clavos, organizaba la mercancía en las góndolas y le ponía precio a los productos.
Reconoce que don Ernesto lo fue preparando para que siguiera el legado de sus abuelos. Ernie estudió Administración de Empresas, pero nunca imaginó que a sus 24 años le tocaría dirigir el negocio familiar. Su papá se retiró antes de lo planificado por una condición en sus piernas.
La evolución del corazón de Villa Prades
Ernie explica que, hasta su llegada, el negocio se mantuvo prácticamente igual: se vendía mucho misceláneo, pero no material pesado. Pero cuando “Canito” tomó la batuta en el 2006, el panorama cambió.
“Añadimos más espacio y complementamos el material pesado (vendiendo varillas, bloques, cemento y haciendo las entregas). Los cambios grandes los vine a hacer yo”, dice del negocio que hoy cuenta con departamentos de electricidad, plomería, jardinería, pintura, verjas, materiales de construcción y artículos del hogar. Pero, detrás de cada éxito y expansión, también surgieron desafíos, como el cierre del gobierno de Puerto Rico en el 2006. Pero el ferretero asegura que, aunque años mejores que otros, nunca terminan en negativo.
Cuando las políticas inciden
Desde el año pasado, comenta el empresario, las políticas migratorias de los Estados Unidos han tenido un importante efecto en el negocio.
“Hemos batallado el asunto migratorio. La mayoría de los trabajadores de la construcción son dominicanos; yo tenía muchos clientes dominicanos que ni lo sabía. En agosto del año pasado se sintió el cantazo fuerte en las ventas porque esa clientela, que era fija, de todos los días, que eran de la comunidad, dejaron de venir de la noche a la mañana. Hicimos ajustes, como bajar la cantidad de las compras, para aguantar el golpe”, admite.

Un paso más allá
En esa misma línea de evolucionar, Ernie adelanta que tiene los ojos puestos en el negocio de ventas al por mayor.
“Queremos comprar directo a China, pero con una identidad propia. La corporación es FVP, LLC, y queremos usar ese branding para nuestros propios productos de ferretería”, abunda.
Mientras eso ocurre, la Ferretería Villa Prades sigue en evolución, siendo el corazón de la comunidad, tal y como siempre lo anhelaron Paquita y Ernesto. Y que el negocio continúe, si es posible, quedándose en la familia, que es una de las preocupaciones de “Canito”, que sueña con que alguien de su clan le dé continuidad.
“A lo mejor un sobrino, o alguien de la familia que no sea de descendencia directa pueda seguir. Quizás un nieto, porque mis hijos y yo somos jóvenes. ¡Todavía hay posibilidades!”, finaliza entre risas.
Por: Lymari Vélez Sepúlveda
Fotos: Wanda Liz Vega


