GUARDIÁN de la historia

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Lo que hace el arquitecto Pablo Quiñones Cordero tiene algo de superhéroe, de científico y de artista. ¿La prueba? Un proyecto de casi 25 años para restaurar la cúpula del Capitolio.

Entender cómo cada generación deja su huella a través de sus edificios fue una atracción de universitario que se volvió una vocación. No es para menos, luego de trabajar con los mundialmente reconocidos Richard Heisenbottle e Hilario Candela en proyectos como el Miami Marine Stadium, el Dyer Court House y el Carl Fisher Clubhouse. Ya tiene 38 años de práctica profesional y queda evidenciado que este puertorriqueño ha ayudado a rescatar la memoria histórica y la cultura.

OBRA:¿Qué marcó la diferencia en este proyecto restauración del domo del Capitolio? 

PQC:  Restaurar el domo representó la responsabilidad de proteger un ícono de identidad colectiva y orgullo nacional. Fue diferente a otros proyectos de preservación histórica. Primero, por su complejidad técnica: trabajar en la estructura más alta y emblemática del edificio, con mosaicos y acabados en riesgo por filtraciones y humedad, exigía intervenciones precisas, mínimamente invasivas y con soluciones innovadoras para garantizar seguridad y durabilidad sin alterar su estética original. En segundo lugar, por su significado cultural y simbólico. Otro factor fue la integración de investigación histórica con innovación tecnológica. Trabajamos con los planos originales de 1924, a la vez que incorporamos sistemas contemporáneos de anclaje anticorrosivo y técnicas de consolidación que elevan los estándares de preservación en el Caribe. Finalmente, la diferencia estuvo en el modelo de colaboración: este proyecto reunió a arquitectos, ingenieros de distintas disciplinas, artesanos, conservadores, inspectores y la Superintendencia del Capitolio en un esfuerzo altamente coordinado. 

OBRA: ¿Cómo se equilibra la conservación con la necesidad de modernizar estructural y funcionalmente?

PQC: El secreto está en el respeto por los elementos históricos y la creatividad sensible. Respetar la autenticidad de los materiales y las técnicas originales es la base, pero al mismo tiempo debemos ser creativos al insertar soluciones modernas de forma invisible. Las pruebas de laboratorio de los concretos de la cúpula y diseño estructural restaurativo responsivo fueron clave. También, por ejemplo, se pueden reforzar muros internos con sistemas estructurales de acero inoxidable o fibra de carbono sin alterar la apariencia exterior. También se pueden integrar sistemas de impermeabilización y climatización dentro de cavidades existentes, evitando agresiones o daños visuales. El balance está en lograr que el visitante admire la historia y que el edificio, silenciosamente, cumpla con las normativas modernas.”

OBRA: ¿Qué hace relevante al trabajo de restauración y preservación histórica?

PQC: “La restauración no es solo salvar piedras o fachadas; es rescatar la memoria viva de un pueblo. Cada edificio preservado es una página de nuestra identidad colectiva y un legado que Puerto Rico entrega al mundo y a las generaciones futuras.” Para mí la restauración histórica no es un o unos proyectos, es una misión y un deber responsable. 

OBRA: ¿Qué lecciones anteriores aplica más en sus proyectos de preservación? 

PQC: Que la preservación histórica requiere humildad y paciente dedicación. La paciencia y la rigurosidad son esenciales; algunos proyectos toman décadas, el proyecto de la restauración del domo, desde su imperante necesidad hasta ser realizado tomó 20-25 años en finalmente lograrse como proyecto, para luego dedicarle 2 años y medio a su final ejecutoria. En Puerto Rico he confirmado que la comunidad es parte del proceso: los ciudadanos son guardianes de sus edificios y su apoyo legitima cualquier intervención. Cada contexto me ha recordado que la preservación es, en esencia, un acto cultural más que técnico. 

OBRA: ¿Qué mensaje le daría a los jóvenes arquitectos y profesionales de la construcción sobre la importancia de combinar excelencia técnica con responsabilidad cultural en sus proyectos? 

Les diría que no basta con ser buenos diseñadores o ingenieros; debemos ser custodios de la memoria y patrimonio. Quisiera enamorar más arquitectos jóvenes en esta necesaria misión de preservación. La excelencia técnica es fundamental, pero si no se acompaña de sensibilidad arquitectónica y cultural, el resultado se vuelve frío. Puerto Rico necesita profesionales capaces de construir el futuro sin borrar el pasado. 

Por Militza Suárez Figueroa, Editora

Fotos PQC Architectural Studio

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