
Como estudiante universitario, Nataniel Fúster Félix trabajó en el taller del legendario arquitecto Henry Klumb. Décadas después, su trayectoria le ha hecho ganar el premio que lleva ese nombre, la más alta distinción que otorga el Colegio de Arquitectos y Arquitectos Paisajistas de Puerto Rico. ¿Se tratará de un círculo que se cierra?
En el 2015, el arquitecto sanjuanero le dijo a Julieta Victoria Muñoz que quería que le recordaran como “alguien enamorado de la belleza de la vida y que hizo todo lo posible por mejorar la forma en que vivimos en nuestra isla”. Y bien que trabajaba para ello; entonces entregaba su proyecto de las piscinas de la Escuela La Esperanza, en Puerto Nuevo, instalación dedicada al servicio terapéutico a niños con diversidad funcional. Antes y después de las piscinas completó muchos más, de distintos tipos, que cubrieron al pie de la letra los requisitos para ganar el galardón. De eso, y de cómo ha construido una práctica que va a contracorriente de lo convencional en esta isla, hablamos con el arquitecto:


Las piscinas terapéuticas de La Esperanza, en Puerto Nuevo.
NF: Trabajé en su taller después de mi primer año en la Escuela de Arquitectura. Klumb había muerto hacía casi un año, así que no tuve el placer de conocerlo personalmente, pero sentía su presencia en el taller.
Me honra pensar en la posibilidad de que sea un cierre de un círculo histórico, lo que también implicaría una gran responsabilidad.
OBRA: Henry Klumb hablaba de que el arquitecto debía resolver los problemas básicos y urgentes de un pueblo. De ahí vienen sus emprendimientos innovadores, como la Casa-i, las losas, los bloques ornamentales.
NF: Sí, primero que todo, hay que resolver lo básico. Los edificios deben poder ventilarse e iluminarse naturalmente, deben ser económicamente viables, deben satisfacer necesidades relacionadas a su uso.
Sin embargo, hay necesidades que no se ven como primarias, pero que sí lo son y que a menudo se obvian, a pesar de estar tan bien representadas en la obra de Klumb, como lo son la necesidad de que toda obra logre un contacto total e integral con la naturaleza y la necesidad humana de la belleza.
Casa-i respondía a la necesidad de hacer vivienda más asequible, bien iluminada y ventilada, estéticamente agradable y a su vez aislada térmicamente, algo tan importante en los calores de hoy en día.
Las losas criollas “Alazar” y los bloques “Arco” procuran reinterpretar elementos de nuestra arquitectura vernácula y volverlos a hacer relevantes y necesarios.
OBRA: En su mensaje de agradecimiento del Premio Klumb habló de “nadar creativamente contra la corriente”. ¿Cómo lo ha logrado?
NF: Con mucha perseverancia y convicción en lo que hacemos. Hacer Arquitectura en Puerto Rico no es tarea fácil. Lamentablemente, en nuestra isla la cultura general sobre el diseño y el arte es muy limitada. Eso hace que hacer obra de calidad se convierta en un gran reto. Igualmente, en términos generales, nuestros gremios y escuelas tienden a ser muy conservadores, por lo que hacer cosas un poco diferentes a menudo enfrenta muchos obstáculos. Muchas veces les digo a mis estudiantes aficionados al diseño paramétrico, donde se generan diseños con geometrías complejas, que cuando se gradúen traten de construir algo en la calle con curvas simples; no es imposible, pero es muy difícil lograrlo,

Los bloques Arco, otra de sus iniciativas.

OBRA: Y ha hablado de la travesía colaborativa; amplíe sobre ese concepto y de sus recientes coloquios de diseño.
NF: A pesar de que me acerco al diseño de una manera muy personal, el hacer Arquitectura es un proceso colaborativo. Desde el intercambio de ideas con los clientes, el desarrollo de planos en una oficina y el intenso proceso constructivo, decenas de personas intervienen en una obra.
Los coloquios de diseño se nutren de esa realidad, expandiendo la discusión a otras ramas que a menudo se ven periféricas al diseño arquitectónico, pero que en realidad no lo deberían ser. Estos coloquios buscan reafirmar que la Arquitectura siempre tiene que tener un componente artístico que consolide su existencia. Así que hemos creado este espacio de conversación en “El Saque”, donde hablamos de paralelismos creativos entre la Arquitectura y la pintura, el diseño de vestuario, entre otros. El próximo lo dedicamos a la fotografía.
OBRA: Tras recibir cerca de 30 premios y ahora el Henry Klumb, ¿hacia dónde llevará a su firma Fúster + Architects?
NF: Seguiremos tratando de explorar nuevos espacios, formas, maneras constructivas, acercamientos sustentables, reafirmaciones de nuestra identidad natural y cultural, nadando creativamente contra la corriente.

La legendaria Casa Delpín en Santurce y sus losas hidráulicas.
sobre todo por los obstáculos de las nociones preconcebidas. También, en nuestro entorno profesional, particularmente el relacionado a proyectos de gobierno, lamentablemente se tiende a valorar más las afiliaciones políticas, las conexiones y los amiguismos, que la calidad del diseño.
Esta postura le ha hecho mucho daño a nuestro país; no hay más que ver a nuestro alrededor para darnos cuenta. Por eso señalo que, para mí, la forma más eficaz de hacer Arquitectura en Puerto Rico es nadando creativamente contra la corriente.
Por Militza Suárez Figueroa, Editora
Fotos Fúster + Architects


